Epojé Taurina

Los taurinos suelen serlo porque han nacido en una familia taurina, “lo que se mama en casa nunca se olvida”, nos decía una profesora en el colegio. Bastante obvio, somos responsables de nuestros actos, sin embargo, no somos responsables de la educación y las enseñanzas que recibimos en edades tempranas y para bien o para mal, condicionan nuestras decisiones.

Vivir en España, es  estar en contacto con la tauromaquia porque es un componente más de nuestra sociedad. Yo, he tenido la suerte de conocer a gente de distintas partes de la geografía española y por casualidad me encontré con un taurino. Con mi disposición de escuchar y aprender de otros, que es uno de los regalos que nos da la vida casi a diario, acabé yendo a la plaza de toros. Sabía que era una buena oportunidad para conocer un poco más acerca de un tema que forma parte de la idiosincrasia hispana, de nuestro idioma, patria común. Dispuesto a escuchar y analizar sin prejuicios, me senté en aquella grada abarrotada.
Los antitaurinos tienen razón, no es muy agradable ver como escupe sangre un toro diezmado y acorralado por un grupo de hombres mientras el público dicta sentencia en el festejo, esa tarde fueron 9 los astados que salieron a la arena previamente cuidada por el personal de la plaza, que gana su sueldo por hacer bien su trabajo. Según mi amigo, aquellos toros no valían porque no mostraron nobleza. Yo, con mi predisposición intacta, fui aprendiendo algunas cosas sobre  una industria creada alrededor de una tradición. Por ejemplo, lo mejor que le puede pasar a un torero es que indulten al toro que le ha tocado torear por ser noble, bravo y humillar mucho.

Tengo que reconocer que en el ambiente se notaba pasión, pasión que no creo que todo el mundo tenga en sus oficios. También tengo que reconocer que esforzándose por superar el realismo ingenuo que invade a una persona como yo, se puede vislumbrar algo más de lo que se ve. Justo en alusión a este tema, hace unas semanas, me encontré con una entrevista que se realizó a Joaquín Sabina de la que copio un fragmento:

“No sé si has estado en el Museo del Prado, no sé si has leído los libros de Hemingway, no sé si has visto las pinturas de Goya. Yo no discuto con antitaurinos porque tienen razón y no es cinismo, es que tienen razón. Se acabarán, se tienen que acabar y hasta es lógico, normal y civilizado que se acaben, pero yo seguiré yendo hasta que se acaben porque me parece que ahí hay algo que es verdad. En los escenarios en los que salgo yo, no está presente la muerte, ni el peligro, ni el miedo, ni la angustia, ni esa escultura viva que hace un hombre con un animal fiero. En fin, los taurinos y los antitaurinos lo somos por nacimiento, porque hemos vivido en una familia en la que nuestro padre nos llevaba a los toros”

 

 

Poco más puedo añadir. Cuando no hay reflexión y análisis, se recurre a las etiquetas, por lo que no haré mención especial a los odios y bajezas que surgen de los extremos de este controvertido tema, esas personas se retratan ellas solas.

Festejo o maltrato animal, no sé si uno, otro, o los dos. Puede que los toros se acaben algún día y esto no es un alegato ni a favor ni en contra, es un poquito de Epojé. En una sociedad donde no se ha extinguido el conmigo o contra mí, simplemente se puede entender a unos, comprender a otros y respetar ambos.

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