Entrevistas

Comparto una entrevista que me hizo un amigo, estudiante de periodismo, con motivo de un viaje de voluntariado que realicé durante el verano. Aquí lo importante son las palabras en minúscula. Espero que a alguien le guste. Un saludo.

« La vida se construye con experiencias y estas llegan cuando te lanzas ¡Hay que atreverse a levantar la mirada y descubrir lo que nos rodea!»

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Madrid, 2 de octubre de 2016

Una experiencia de voluntariado irrepetible de la que ha aprendido mucho. Pablo colaboró en un proyecto de microfinanzas durante el verano pasado con el fin de aportar un ‘‘granito de arena’’. Lo que desconocía es que se traería la ‘‘mochila llena de cosas bonitas’’ de vuelta a casa.

Me recibe en su casa cercana a una conocida calle madrileña, es media tarde de domingo. Después de enseñarme el nuevo piso en el que vive, recordamos con un café etíope viejos tiempos compartidos en la residencia universitaria donde pasamos dos años y fuimos compañeros de delegación de cultura. Ahora nos reencontramos después de las vacaciones y tenemos una oportunidad de charlar sobre nuestros propósitos y proyectos.

-¿Cómo surgió y con qué fin la idea de viajar a Etiopía?

Pablo: «Hacía tiempo que quería hacer un viaje de este tipo, poder ver otras realidades no solo  a través de la pantalla e intentar comprenderlas. Quería participar en un proyecto en el que pudiera aportar un granito de arena que sirviese para mejorar la vida de alguien más allá del tiempo que estuviera allí. Tras buscar bastantes organizaciones y países, me decanté por Etiopía para realizar un proyecto de microfinanzas en el que se intentaba ayudar a pequeños negocios locales».

-¿Tuviste que realizar mucho trámite burocrático para ‘‘pisar’’ el país?

Pablo: «La verdad es que no, al llegar allí se paga el visado en el aeropuerto y ya se puede entrar en el país».

«Me vacuné contra la fiebre amarilla, la hepatitis A y la fiebre tifoidea. Aunque resultaba más una responsabilidad personal, no es requisito imprescindible para entrar en el país. En mi caso el paludismo tenía un bajo riesgo por la altitud de la zona a la que iba. Además, contraté por si acaso un seguro médico que incluyera, por ejemplo, la repatriación».

-Supongo que la llegada fue dura. Mucho contraste. ¿Qué recuerdas de esos primeros instantes?

Pablo: «No creía que estuviera en Etiopía hasta varios días después. Fueron alrededor de diez horas de viaje con  una escala en Dubái. La época estival coincide con la temporada de lluvias y  lo primero que recuerdo es un trayecto por Addis con un tráfico caótico y lloviendo torrencialmente».

-¿Qué puedes destacar del inicio de este periplo?

Pablo: « Un contraste fuerte que duró hasta que me adapté a cortes de agua, de luz… La última semana estuve muy a gusto y empecé a disfrutar de los pequeños detalles».

«El transporte público en la capital se realiza principalmente mediante furgonetas, aquí serían para siete o nueve personas, allí caben hasta veinte. No existen paradas ni marquesinas, es el copiloto el que anuncia gritando el destino final. La primera vez que viajas en este tipo de transporte no sabes por dónde vas y es desconcertante. Es curioso, porque en Internet no hay mapas de la ciudad para poder usarlos de referencia y resultaba complicado al principio…»

-¿Cuál fue tu primera impresión acerca de los etíopes?

Pablo: «Amabilidad y respeto, al principio tenía cierta sensación de peligro debida a prejuicios que todos conocemos, pero según pasaban los días esa sensación desapareció y me sentía seguro en cualquier momento del día. Hay países con conflictos serios y tendemos a meter a otros muchos en el mismo saco, posiblemente por falta de buena información. Esto puede ser lo que más preocupe a la gente antes de conocer alguno de estos lugares».

-¿Existía algún prejuicio personal que quedara atrás después de conocer sus costumbres?

Pablo: «Básicamente la sensación de inseguridad, como he comentado en la respuesta anterior. En mi caso, iba con predisposición de observar sin demasiadas ideas previas. Al final te das cuenta de que somos muy parecidos. La gente joven comparte gustos muy similares a  la gente de aquí, empezando por el fútbol y los deportes. Por ejemplo, conocí a un chico etíope de mi edad por casualidad, tras hablar un buen rato con él, me quedó claro que nuestra diferencia más significativa era haber nacido a 5500 km de distancia. Se podría decir que todos somos personas, pero en lugares, características y tiempos distintos».

-¿Qué admiras de su estilo de vida?

Pablo: «El papel de las  mujeres que tienen familia. Cuidan de sus hijos y trabajan todo el día con pocos recursos disponibles, en el medio rural las posibilidades son todavía más escasas. Me recuerda esto a una frase de Nelson Mandela  que dice que la mujer es una pieza fundamental para el futuro porque no utilizará la fuerza, o algo así».

«Tienden a dar valor a la familia, a la amistad, a la religión… El ritmo de sus vidas va más despacio que el nuestro y puede que se caiga con frecuencia en cierto paternalismo a la hora de querer aportar o ayudar, intentando imponer nuestras formas de proceder, antes de escuchar y comprender , como te dije antes, yo quería observar y empatizar en primer lugar. Aunque también es cierto que muchas organizaciones trabajan en el terreno de esta forma, conociendo la historia, costumbres y cultura. A partir de ahí comienza la ayuda ».

«Por otra parte, los etíopes tienen una seña de identidad muy fuerte respecto a sus orígenes, se sienten muy orgullosos de su nación. Etiopía tiene varios lugares declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco, tienen un calendario distinto al gregoriano que es el oficial en casi todo el mundo, también hay que recordar que los etíopes consiguieron resistir a la ocupación italiana entre otras, ha sido el único Estado africano que no ha sido colonizado. El café se descubrió allí  en la región de Kaffa y también a Lucy, los restos humanos más antiguos».

-¿Resultó fácil la comunicación y comprensión en todo momento?

Pablo: «El inglés fue la herramienta de comunicación, lo habla bastante gente allí, sobre todo los jóvenes. A pesar de la diferencia entre la lengua nativa y el español o el inglés una sonrisa o un gesto de cordialidad se entienden en cualquier lugar».

«El amhárico es el idioma oficial del país. ¡Aunque hay ochenta lenguas más!  También resultó curioso encontrar gente que hablara español. Esto se debe a que fueron a Cuba cuando, en los años 80, Etiopía experimentó el comunismo.  Puedes encontrar taxis que llegaron desde Cuba y personas con acento caribeño».

-¿Conociste a algún europeo en la zona que fuera hacer vuestra misma labor?

Pablo: «Españoles, gente de América latina, también de Canadá y EEUU. La mayoría voluntarios ».

¿Cómo se concibe en sus mentes que personas como tú emprendan un viaje tan largo para hacer una tarea altruista?

Pablo: «Por la calle, todo el mundo se te queda mirando. Para ellos ver a un blanco es señal de dinero, aunque también eran miradas de curiosidad. Curiosidad propia de alguien que siempre ha vivido en el mismo lugar y se extraña al ver extranjeros. Como he mencionado, la ayuda eficaz empieza por comprender esa realidad, cuando tienes más trato con la gente, se ve que valoran mucho que personas como nosotros vayamos allí y muestran  generosidad ».

«Mira, justo hace unos días iba en el metro y leía uno de los fragmentos de la campaña Libros a la Calle que pegan en los vagones. El fragmento era parte de “Miradas al arabismo español” de Juan Goytisolo, una interpretación bastante sagaz de las relaciones entre culturas, de tomar una postura un poco objetiva sobre las diferencias… ».

«Respecto a la forma en que ellos ven la ayuda. Por un lado, hay gente que ve el voluntariado de extranjeros como un negocio… pero esto no es nada nuevo, hay ONGs que no funcionan como deberían, allí y aquí en España también. Otras muchas hacen un gran trabajo».

«Por otro lado, conocí un proyecto muy bonito. Un matrimonio americano que decide ir a África para mejorar la vida de personas y trabajan codo con codo con nativos del país realmente involucrados en la causa. Su proyecto  es multidisciplinar: dar un futuro y un presente a niños huérfanos, ayudar a mujeres y ancianos, reforestación, etc. Todo esto cimentado en la colaboración de cientos de voluntarios procedentes de diferentes partes del mundo, con estancias temporales».

-Según lo que percibiste, ¿qué alcance de medios y servicios públicos poseen los ciudadanos etíopes?

Pablo: «Depende de la zona. En las ciudades más grandes hay medios de transporte relativamente baratos, existe educación pública y privada. Además, hay universidades. En ocasiones el gobierno impone lo que la gente tiene que estudiar. También se ven zonas con mucha falta de recursos, Addis Abeba es una ciudad de contrastes».

«En las zonas rurales es diferente, sufren más precariedad de cosas básicas, difícil acceso a agua en ocasiones, la gente va descalza, apenas hay vehículos ni hospitales y las infraestructuras son mucho peores».

«Es difícil que los medios públicos sean de calidad para la totalidad de la población, cuando el tejido productivo que sostiene a los servicios públicos es todavía claramente insuficiente».

-¿Qué impacto, según lo que has podido comprobar, tienen las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación en este territorio? ¿Existe acceso a la Red para todos los sectores de población por igual?

Pablo: «En el caso de los medios de comunicación, en las zonas urbanas tienen acceso a teléfono móvil e Internet, suelen estar informados de lo que ocurre en el mundo, siguen deportes europeos y americanos. Incluso los jóvenes ‘‘se mueven’’ por redes sociales como Facebook».

«Lejos de los núcleos urbanos es mucho más complicado el acceso a Internet».

¿Has podido extraer alguna conclusión sobre el nivel de cultura política que existe en estas sociedades?

Pablo: «Hablamos con gente que sabía inglés, conocedores de la corrupción extendida a los países africanos y de la fuerza coercitiva de las autoridades. Estos testimonios al respecto pueden no ser representativos del total de la sociedad. El paro del país ronda el 65% según me dijeron, no sé si es un dato fiable. Digamos que para que haya una cultura política, es necesario que exista libertad y que las necesidades básicas de la mayoría estén cubiertas».

¿Qué estilo o régimen organizativo impera en estas comunidades?

Pablo: « La familia y la religión tiene mucha importancia en su cultura, las tradiciones son muy importantes para ellos. Tienen una idiosincrasia muy rica, bailes espectaculares y buena comida. El plato típico que es la injera tiene múltiples variedades y aunque está bueno, no es muy amigable para algunos extranjeros [se ríe]».

«Existen diferencias entre distintas etnias del país y actualmente hay confrontaciones en varias zonas del país. También están  las famosas tribus al sur, con formas de vida que se han mantenido durante siglos. Habitan en un entorno frágil y los medios de subsistencia de estos pueblos indígenas son similares a los del resto de zonas rurales del país,  tienen un importante flujo de visitas y sacan beneficio de ello. Por cada foto que haces, tienes que pagar al jefe de la tribu, creo que con ese dinero comprarán animales o lo que esté a su alcance. Este régimen organizativo, las tribus, es minoritario en los 90 millones de habitantes que tiene el país».

-¿Qué importancia se reserva la religión en un país como Etiopía?

Pablo: «En la sociedad conviven principalmente cristianos y  musulmanes. La religión tiene un papel capital, establece la forma de organización en Etiopía. Un hombre y una mujer se deben casar muy jóvenes y formar una familia. También es cierto que la esperanza de vida ronda los 60 años».

 «Hablando de la religión, un chico me dijo las siguientes palabras: “Etiopía en la Biblia es Tierra Santa y Dios no se olvida de nosotros’’, en ese momento te das cuenta de la relevancia de la fe para ellos, es  esperanza en un futuro mejor».

-¿En algún momento has sentido rubor por la concepción materialista a la que hemos sido precipitados los occidentales?

Pablo: «Puede que acumulemos demasiadas cosas materiales y algunas son innecesarias, lo importante es mantener un equilibrio y que lo material no nos impida disfrutar de otras maneras. Creo que el primer paso es ser consciente de ello…»

-¿Qué necesidades o problemas pudiste observar en la economía productiva del país? ¿Hay indicadores de progreso?

Pablo: «Lo primero, el desarrollo de un país está limitado por muchos y diversos condicionantes… Sin entrar en temas geopolíticos, religiosos, etc. Puede que uno de los factores comunes de los países más pobres es la limitada capacidad con la que pueden explotar la agricultura debido en parte al clima. La temporada de lluvias dura unos tres meses al año, los meses restantes las precipitaciones bajan drásticamente y esto supone un gran  problema. Históricamente los países que no han podido desarrollar su agricultura para abastecer a la población, se han visto seriamente lastrados para poder prosperar; Aun así, la agricultura supone casi el 50% del PIB del país. Todo esto sumado a que Etiopía experimentó una dictadura y un periodo de comunismo en el siglo pasado, lo hacen sin duda un país singular».

«La mayoría de la energía que se genera es hidráulica a pesar de la escasez de agua durante parte del año. Parte de esta energía es suministrada para los habitantes y otra parte es vendida a los países limítrofes para recibir divisas extranjeras, principalmente dólar. Es un gran reto afrontar el desarrollo de un país garantizando el suministro de energía »

«En cuanto al sector secundario, inversión extranjera está entrando en el país desde hace años, principalmente de China y Turquía. Se podían ver carreteras y puentes de recién construcción, algunas fábricas exportadoras fruto de la deslocalización, incluso un metro ligero en la capital. Se podría decir que todavía es temprano para que ciertas tecnologías inviertan en el país debido a un marco jurídico y regulatorio posiblemente deficiente y al déficit, aunque cada vez menor, de infraestructuras. ».

«En el área de la construcción, en Addis se veían muchos edificios nuevos y también muchos parados, abandonados a mitad de construir con condiciones de seguridad muy precarias, por ejemplo, los andamios de madera ».

«Es un gran país y realmente me gustaría que se pudieran solucionar los problemas, nuevos y antiguos que impiden su desarrollo, para que gran parte de sus 90 millones de habitantes pueda vivir con más oportunidades».

¿Qué queda en las manos de personas como tú, estudiante, o de aquellos que no pueden permitirse dedicar tiempo a conocer ‘‘in situ’’ los problemas de estas sociedades para prestar su ayuda?

Pablo: «Viajar en general y más un viaje de estas características te ofrece nuevos planteamientos, abre tus horizontes,  ves lo que siempre habías visto pero desde otras perspectivas. Es vital que haya disposición por aprender y por aprovechar la experiencia escuchando e intentando comprender otra realidad, no solo de ganar “likes”con las fotos… [ se ríe]. Aunque yo creo que el motivo y el aprendizaje de un viaje así debe ser algo personal, está muy bien promover el voluntariado internacional o también se puede llamar  turismo solidario, teniendo en cuenta que es una opción más para las vacaciones, que el voluntario tiene que costear los gastos y que la mentalidad debería ser siempre de aprender su cultura y sus formas de actuar ¡En ningún caso de imponer las nuestras! ».

«Actualmente existen muchos recursos y se están llevando a cabo gran variedad de proyectos en los que se puede colaborar en nuestro día a día. Desde las universidades, hay múltiples iniciativas  que están llegando cada vez a más gente, en ellas puedes colaborar diariamente o puedes realizar viajes de este tipo. A la hora de realizar viajes algunas tienen métodos bastante profesionalizados, realizan entrevistas y así escogen los perfiles más adecuados en función de los proyectos. Para aquellos que quieran hacer un voluntariado internacional,  sobre todo si es la primera vez, el hecho de que las organizaciones les den mucha información y tengan plazas limitadas es un buen indicador de que los objetivos principales son adecuados y denota una buena organización acorde con la infraestructura de la que se dispone en el país;  en contraposición con otras que aceptan cuanta más gente mejor, teniendo en cuenta que el voluntario tiene que concurrir en tasas y diversos gastos, con más voluntarios ingresan más dinero».

 «Por ejemplo,Volunfair que tiene lugar en la Escuela de Industriales de la UPM, es una buena oportunidad para conocer múltiples opciones de ayudar a los demás. Se me ocurren también algunas organizaciones concretas como: ONGAWA, OAN, ASU ONG o Progress 4 Africa».

-¿Te has replanteado parte de tus valores tras esta experiencia?, ¿qué es lo que más te ha marcado a nivel personal?

Pablo: «Vivimos en una sociedad que se mueve demasiado rápido, nuestros sistemas han generado grandes cotas de bienestar y desarrollo, pero también es importante dejar a un lado el materialismo excesivo y parar de vez en cuando para disfrutar con las cosas sencillas. Ellos me lo demostraron, principalmente los niños, con cualquier cosa, como un globo, eran felices… Una anécdota que se me ha quedado grabada, conocí a un niño de 11 años con bastantes necesidades pero con muchas ganas de aprender y de ir al colegio, cuando le pregunté qué quería ser de mayor, me respondió que quería trabajar ayudando a la gente y me expuso varios ejemplos. Me quedé sin palabras… un testimonio así te hace creer en las personas; pone de manifiesto la importancia de ofrecer oportunidades para que cada uno pueda desarrollar su propio proyecto de vida. Me siento afortunado por haber nacido en el país que he nacido, pero siempre es positivo tener experiencias que te recuerden lo importante y que tenemos al alcance de nuestra mano hacer un poquito más feliz a alguien que nos rodea, ahí te haces un poquito más feliz a ti, porque la felicidad se comparte».

-En cuanto al intercambio de conocimientos: ¿quién aprendió más de quién: ellos de ti o viceversa?

Pablo: «El gran cambio que se produce es en el voluntario. Porque lo que aporta una sola persona allí es muy pequeño, difícilmente tangible. Hay motivos para ser pesimista, pero también vuelves con la mochila cargada de cosas bonitas, nuevas amistades, experiencias que te ponen a prueba y nuevas ideas que puedes aplicar en tu vida …ya estoy pensando en algún proyecto».

-¿Qué mensaje mandarías a aquellos jóvenes y no tan jóvenes que admiran a personas como tú y que se echan atrás por miedo a factores como la distancia o la inestabilidad política de los países subdesarrollados?

Pablo: «La vida se construye con experiencias y estas llegan cuando te lanzas ¡Hay que atreverse a levantar la mirada y descubrir lo que nos rodea! Es errónea la imagen de que todos los sitios desconocidos son peligrosos. Las desgracias ocurren y estamos acostumbrados a verlas en los medios, pero también es cierto que el mundo está lleno de historias y personas increíbles que no vemos a diario, pero que lo merecen todo. Me encontré con gente noble, paisajes hermosos e incluso buena comida. Repetiría la experiencia, puede que con un enfoque y contexto diferentes».

-Para terminar: ¿podrías resumir con una palabra tu aventura por el Cuerno de África?

Pablo: «Permíteme alguna más. Para los que tenemos gran curiosidad por el mundo que nos rodea y queremos sacar lo mejor de nosotros, una aventura así se podría resumir como:  aprehender un poco de la vida.»