Relatillos

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

Concurso

Tras varios días de camino, en busca de vituperios que solventar, aparecen a escena El Caballero de la Triste Figura y su fiel compañero, un hombre cualquiera, con anhelos propios de los habitantes coetáneos de aquellos parajes de cuyo nombre no consigo acordarme.

– ¡Mira! La colina sobre la que yacían inertes los gigantes que otrora derroté. Hogaño, se erigen otros seres más espigados ¡Qué afrenta a nuestra estampa!

– Espigados como su figura. Son de buena constitución.

– La serranía no está para estáticas criaturas, debe cumplir su cometido original, que es el de maravillar a todo transeúnte, que frecuente estas veredas, al ver el cielo retrepado en las laderas al ocaso.

Los protagonistas se prepararon para la contienda. En sus carnes temblorosas temían el resultado de la batalla. Sin embargo, uno confiaba en sí mismo y el otro se encomendaba a la pericia de su amigo.

Singular imagen la que se contempla, bien podría ser registrada por una aeronave no tripulada para su posterior proyección en salas del último arte. Un enjuto anciano a lomos de un viejo ciclomotor y su prosélito amigo encajado en un sidecar, observando al enemigo.

Tras un pertinaz silencio de inquietud y cavilación, nuestro caballero conminó a su vehículo para tomar el camino de vuelta.

– Pero no sea cobarde, usted me ha enseñado que el honor es fruto del valor, y uno debe ganárselo. La última vez salió herido y no le importó.

– Amigo, proceloso mar es el de la venganza. Préciate de ser humilde virtuoso antes que pecador soberbio. Si nos creemos mejores que ellos, no conseguiremos más que toparnos con sinsabores en la escaramuza.

– ¿Volveremos ?

– Una cosa debe presentársenos como capital. A menos que queramos errar en nuestro cometido, debemos hacerles frente con sus armas, desde las entrañas que conforman su ser. Es la única forma de conseguir una ingeniosa victoria que evite pesadumbre.

– ¡Así se habla!

– Volvamos y avisemos a la compañía para que los arreglen, nosotros no podemos ¡Es un desperdicio que estén parados con este viento feroz que hoy nos acompaña!

En un momento de lucidez, había caído en la cuenta de que en la cuita, el fin es el camino, ya que siempre quedarán batallas por librar, enemigos a los que derrotar.

Acaba este suceso con el ocaso de contertulio del fiel compañero y El Caballero de la Triste Figura. Cada uno con sus particularidades, con la experiencia a la espalda y el designio de cambiar lo que antes no ha sido cambiado en ristre.